Desde su creación hace más de un siglo, el Instituto Español de Oceanografía ha mantenido una actividad continuada de observación y medición del medio marino. Algunas de sus infraestructuras, como la red de mareógrafos, operan desde 1943 y constituyen una de las series instrumentales más largas del país.
A lo largo de las décadas, el sistema se ha ido ampliando y estructurando hasta conformar una red integrada que combina observaciones costeras y de mar abierto. En la actualidad, más de 180 estaciones costeras y oceánicas profundas son muestreadas de forma sistemática mediante campañas hidrográficas, obteniendo medidas físicas y biogeoquímicas comparables en el tiempo. A ello se suman fondeos instrumentados permanentes en regiones clave del Atlántico y el Mediterráneo, una boya oceano-meteorológica en mar abierto frente a Santander, la red nacional de mareógrafos y la observación continua desde la flota de buques de investigación mediante termosalinómetros, estaciones meteorológicas y perfiladores acústicos de corrientes.
El sistema se completa con la contribución española al programa internacional Argo, que conecta la observación regional con la escala global, y con la participación en observatorios estratégicos como el del noroeste ibérico o el sistema de monitorización del Estrecho de Gibraltar. La integración de estas plataformas permite describir el océano tanto en su dimensión espacial como en su evolución temporal.
Este enfoque sincrónico ha permitido documentar procesos relevantes, como la formación de nuevas aguas profundas en el Mediterráneo o la inyección de calor en capas intermedias del golfo de Vizcaya tras episodios invernales intensos. Más allá del interés científico, estas observaciones proporcionan respuestas a demandas de administraciones públicas, sectores productivos y sociedad en general, apoyando la navegación, la gestión de recursos, la evaluación de riesgos, la planificación costera y el seguimiento ambiental.
Todas estas redes se desarrollan en coordinación con iniciativas internacionales de observación de la Tierra, enmarcadas en programas promovidos por Naciones Unidas y la Unión Europea, asegurando interoperabilidad y contribución a sistemas globales de vigilancia oceánica.
